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Ensoñación dramática N 2........

...María España...........

.Por: Concha R.Canfrán

 

Presentación de los personajes por orden de aparición:

María

Janet

Isabel

Director Nº 1

Director Nº 2

Antonia

Puto teatro

Maria España

En un acto

Introito. Parlamento.

(Echado el telón y antes de empezar la primera actriz sale al proscenio hace callar al público y explica las características de las ensoñaciones dramáticas que se van a representar. Es conveniente que haya público buscando su asiento en el patio de butacas.)

María.- (Aparece dando trompicones por la izquierda, recupera la compostura y se coloca a la mitad del proscenio con el telón a su espalda. Antes de leer el texto de un papel que lleva en la mano pone orden.) ¡Chisss! ¡Chisss! ¡Chiss! ¡Siéntense, por favor! Tengo el encargo de explicarles el sentido de las obras que vamos a representar. La autora agrupa bajo la denominación “ensoñaciones dramáticas” una serie de piezas satíricas con argumento específicamente femenino. (Deja de leer) Concretamente a una de mis protagonistas la maltrata el marido y ella se venga en lo que más duele (hace el gesto del dinero con los dedos); otra tiene carácter simbólico, es más compleja y mejor que se lo expliquen ustedes mismos; el caso es que la pobre termina fumando. En cuanto a la tercera, María Rafaela, es el futuro que nos espera. En fin, que por exigencias del decorado representaremos primero la número 2: “María España”. Les aseguro que son muy rápidas y si aguantan la segunda que es la que representamos a continuación, seguro que les encanta la primera:"¡Mucha mierda, querida!” A mí tampoco me entusiasma el título, pero según parece es imposición de la autora. Espero que odien y compadezcan al mismo tiempo a la tercera y última "María Rafaela Lagar García”. ¡Eso es todo! . (Parece que se va pero se queda.) ¡Ah! ¡Importante! (Vuelve a leer.) Los personajes de estas obras no se corresponden con persona alguna viva o muerta, ni las situaciones representadas son reales, ni forman parte de las experiencias vitales de la autora. (Deja de leer, hace una mueca y sale escenario murmurando.) A este paso termino colocando al público en sus asientos.

Decorado: El escenario diáfano y en blanco. En una pantalla o ciclorama situada al fondo de la escena se proyectarán las imágenes o se producirán las sombras chinescas que se requieran a lo largo de la representación. La decoración será extremadamente austera y el color lo aportará el vestuario de las mujeres.

(La conversación de Janet e Isabel en el lateral izquierdo del escenario dirigirá el discurrir de la trama. Los recuerdos de ambas mujeres se materializarán en el centro del escenario haciendo avanzar el argumento. El cuadro que remata la obra se desarrollará a la derecha del escenario. Janet entra en escena por el lateral izquierdo llevando una pila de cajas de cartón que se desmorona y desparrama en el suelo. Janet mira las cajas con disgusto antes de comenzar a recogerlas y recolocarlas, al tiempo habla con una persona que se encuentra entre bastidores.)

Janet.- Esta noche he tenido un sueño muy extraño. (Eleva el tono de voz) Si me prometes que no te enfadas te lo cuento.

(Isabel sale al escenario alarmada por el ruido que han producido las cajas al caer. Ambas llevan unas batas de colores cálidos sobre sus ropas de calle, Isabel en rosa y Jean en salmón. Guardapolvos de grandes bolsillos, cuellos rematados con puntillas blancas, lo mismo que los puños de las mangas jamón. Zapatillas de loneta de color a juego con tacón en cuña de esparto. Se han maquillado ligeramente y poseen un aspecto agradable, limpio y saludable.)

Isabel.- ¿Qué ha pasado aquí?

(Isabel se agacha para comenzar a recoger las cajas, pero Jean se lo impide.)

Janet.- ¡Deja! Ahora las recojo. ¿Quieres que te cuente el sueño que he tenido esta noche?

Isabel.- ¡Otro! Chica, ¿es qué tú no descasas?

(Janet que está deseando contárselo e incita la curiosidad de Isabel.)

Janet.- Éste ha sido bastante raro, más que nada por la persona que lo protagoniza. Si te lo cuento tienes que prometerme que no te vas a enfadar.

Isabel.- Si has soñado con mi marido mejor no me lo cuentes, y si ha sido con alguno de mis hijos o que le pasa algo a mi madre tampoco. ¿Has soñado con Manuel?

Janet.- Qué voy a soñar con tu marido. He soñado con María.

(Isabel reacciona como Jaent esperaba.)

Isabel.- ¡Con esa perra desorejada! ¡Ordinaria, hortera, vulgar yyy farisea! ( Isabel hace esfuerzos para no seguir con los improperios y calmarse.) ¿Cómo estaba? ¿Muerta?

Janet.- Qué va. Eso sería larga vida. La he visto fumando.

Isabel.- ¿Fumando? Qué raro, si ésa no ha fumado en su vida.

Janet.- Ya te digo. Es un sueño muy extraño que no se cómo interpretar. Estaba sentada en el sofá del despacho del director fumando. No parecía contenta. Fumaba despacio, pensativa y muy seria; con expresión ausente. A mí me parece que algo gordo debe estar pasando en la Fundación.

Isabel.- ¡Qué se pudran! ¡Cómo si se les cae el edificio encima a trozos! Para mí, desde el momento en el que cobré el talón de la indemnización, dejaron de existir; todos ellos y ella la primera. (Simulando el tono de voz de la persona a quien se refieren.) No necesito intermediarios, soy la secretaria del director. Y rechazó votar en la elección de representante sindical en la oficina. ¡Qué miserable! Bien sabía ella lo que se estaba cociendo dentro.

Janet.- Exageras. Yo creo que deberías estar agradecida. Yo lo estoy. ¿Cuándo íbamos a pensar ni por lo más remoto que nos convertiríamos en empresarias? Acumular tensiones no es bueno y tú estás guardando mucha ira, la energía negativa envejece.

(María sale por la derecha del escenario, camina en la penumbra empujando un sillón de despacho con respaldo y ruedas. Lo coloca en el centro del escenario y se sienta. Va vestida con ropa sencilla de colores fuertes mal conjuntados, zapatos de tacón muy altos, bien peinada y con exceso de maquillaje. Es una mujer en la treintenaura todavía hermosa y con un estilo ostensiblemente anclado en su personal década maravillosa.)

Isabel.- Da lo mismo. Mira lo que te digo, el dolor de la traición no lo cura ni la venganza. ¿Dices que fumaba? Fumar indica ansiedad. ¿Has confirmado que sea cierto? En cuanto nos marchamos nosotras seguro que se situaron las primeras en la fila. Ella y Antonia son las antiguas y las que más ganan. De cualquier forma, aunque así sea, estoy segura de que no será tan duro como lo mío, yo fui la primera… y fue horrible, hasta que viniste tú a hacerme compañía.

Isabel se quita la bata mientras habla y la deja encima de una cajas; Janet, de espaldas, coloca las otras cuidadosamente una encima de otra. Se hace la oscuridad. Isabel vestida con una camisa blanca y una falda estrecha rosa se acerca a María.)

María.- Ahora mismo estaba pensando en llamarte.

(En la pantalla del fondo la sombra de un hombre alto y fuerte, trajeado y con sombrero se mantendrá allí, estática durante todo el cuadro de Isabel y María.)

Isabel.- ¿Sabes algo nuevo?

María.- No. Están cerrados a cal y canto. Lo que quiero decirte es un asunto personal, muy personal, muy delicado y….. (Se tapa la cara con las manos y gime, consigue controlar la emoción antes de llegar a las lágrimas. Se ha vuelto de espaldas a Isabel, en vertical respecto al patio de butacas) no debes contárselo a nadie, por favor.

Isabel.-(Isabel apoya las manos sobre el respaldo del sillón.) ¿Qué tontería es ésa? ¿No confías en mí? Por supuesto que no contaré lo que me digas. Nunca lo haría. Puedes estar tranquila, tu secreto estará a salvo conmigo. Conoces mi vida mejor que yo y espero que tú tampoco la vayas contando por ahí. Estoy segura de que nunca me traicionarías y yo no seré la primera que lo haga. Además ¿a quién se lo voy a contar?

María.- No sé, a cualquiera de las niñas nuevas, o a Janet; a Antonia. Tienes que prometérmelo. Es algo muy duro para mí.

(María se levanta del sillón y se coloca frente a frente a Isabel. Habla mirando fijamente a su amiga, esperando que formalice su promesa.)

Isabel.- ¡Te lo prometo! Parecemos unas crías. ¡Te lo prometo! ¿No te estará maltratando tu marido?

María.- Qué no. Qué no es eso. Es mucho peor.

Isabel.- ¿Mucho peor que te maltraten?

María.- Sí que lo es, porque necesito el puesto de trabajo y ya no sé cómo resolver este asunto.

Isabel. - ¡Acoso!

María .- Yo qué sé si será. Por eso quería contártelo a ver qué te parece a ti. Estoy desesperada y puede que equivocada; quizás tan sólo fue un momento de descontrol.

Isabel.- Supongo que te refieres al director porque no hay nadie más en la casa con poder suficiente para atreverse a algo tan grave contigo. Los miembros de la directiva vienen y van, es él ¿verdad?

María.- Sí. Es él. Y bien que lo siento porque es uno de los mejores directores que he tenido y llevo unos cuantos. Es un hombre que valora mucho a la mujer.

Isabel.- Es cierto. En los quince años que lleva en el cargo no ha contratado más que a mujeres. ¿Estás segura? Es raro que después de tanto tiempo trabajando juntos se lance ahora, en el peor momento posible, a punto de abrir nuevo período electoral. ¿Qué te ha hecho?

María.- Hacerme no me ha hecho nada, bueno casi nada. Una tontería. Salio del despacho y me dijo “¡María España te quiero! ¡Te quiero, te quiero!” Y sin dejarme respirar ¡Mua! me besó en los labios.

Isabel.- ¡Madre mía! ¡Ja! ¡Ja! Eso no es acoso, eso es de loco. Perdona que me ría, pero es que incluso te llamó por tu nombre completo. Y tú ¿qué hiciste?

María.- ¿Mí primera reacción?: limpiarme los labios con la manga. ¿Qué hace? Le dije yo. Me levanté del sillón al tiempo que el caía derrumbado en la silla de enfrente de mi mesa y fíjate si soy idiota que le tuve pena.

Isabel.- Yo le suelto un tortazo que se cae de culo, ¡cabrón! Qué prepotencia y qué falta de respeto.

María.- El caso es que se echo a llorar como un niño, incluso me pidió perdón. Aseguró que se había dejado llevar por los sentimientos pero que no volvería a suceder. Le dio hasta hipo. Yo estaba tan incómoda. Cuando se calmó me dijo que se iba a presentar de nuevo a la directiva con el único propósito de estar a mí lado. ¡Qué horror! Siempre dicen que lo hacen por una.

Isabel.- Eres demasiado guapa, María España.

María.- ¡Haz el favor de no llamarme así!

Isabel.- De acuerdo, no volveré a hacerlo, pero que conste que a mí me gusta. Tú sabrás por qué escondes un nombre tan bonito y tan simbólico.

María.- Ésa es una pesada herencia que reaparece de cuando en cuando en mi vida, supongo que para que no se me olvide de quién soy y de dónde procedo.

Isabel.- ¿Y eso?

María.- Pues que mi nombre es consecuencia del pasado político de mi familia. Un día me gusta y otro no, pero es una carga muy pesada y prefiero no utilizarlo. Por favor, Isabel, ayúdame ¿Qué hago? ¿Qué hago? Necesito este trabajo y ya no le soporto más. Desconfío de cada sonrisa, de cada halago; ¡no tolero sus chistes! ( grita María desesperada ) ¡Así no se puede trabajar como secretaria personal! ¡¿Comprendes?! Cada vez que se acerca doy un respingo.

Isabel.- Qué quieres que te diga. ¡Aguanta!

María.- Claro, es fácil decirlo, pero si le reeligen qué. A humillarme un día detrás de otro durante otros cuatro años. ¡Virgencita de mi vida que pierda las elecciones¡ ¡Qué las pierda!

Isabel.- Pues ni se te ocurra intrigar, tú a lo tuyo que es servir al que venga. Aunque a lo mejor ayuda rezar. ( Isabel intenta bajar la tensión de la situación con una pizca de humor cuanto tiene una idea ) Me parece que te he visto una Biblia ¿Dónde la tienes?

María.- En algún cajón estará, y mira siempre llevo al cuello la medalla bendecida de mi primera comunión, yo soy católica y no lo escondo. ¿Porqué me pasarán a mí esto? No lo entiendo, ni siquiera le tuteo y ya ves como voy vestida: más normal imposible.

  Isabel.- A partir de mañana pones la Biblia encima de la mesa bien visible y de vez en cuando sacas el rosario y lo besas. Yo también iría cambiando la forma de vestir. Creo que escondiendo tu belleza y poniéndole delante de las narices sus creencias religiosas será suficiente, al menos hasta que sepamos si le reeligen. Podría ayudar que rociaras el despacho con agua bendita diciendo eso de ¡Vade reto, Satanás!

María.- ¿Hablas en serio? ( María no sabe a qué atenerse, ni cómo actuar: si enfadarse por la irreverencia de Isabel o darle las gracias por sus consejos ).

Isabel.- Lo del agua bendita es una broma, pero el resto no. Piénsalo. A lo mejor da resultado; por probar no pierdes nada. Tampoco es que te vistas como una monja, tan sólo ropa más holgada. ¿Qué te parece? Teniendo en cuenta su procedencia social y que está casado, lo más seguro es que conserve un poso de la moral católica apostólica que le llevó al matrimonio por la iglesia y comprenderá el mensaje. ¡Ah! y yo de ti rezaría.

María.- Si ya lo hago. Rezo a todas horas.

Isabel.- Más todavía. Reza, y que te vea rezar. Una de dos o te deja en paz o te despide.

María.- ¿Por qué me va a despedir?

(El centro del escenario queda en penumbra. La pantalla cierra en gris y la acción vuelve a situarse en la izquierda del escenario.)

Janet.- (Sale arrastrando más cajas por el lateral izquierdo del escenario. Habla mientras Isabel entra en foco y se pone la bata que había dejado encima de una caja de cartón.)¡Qué melodramática eres!

Isabel.- Sí. Un poco. Ya sabes que me gusta mucho el teatro. ¡Esa perra me lamerá los pies¡ ¡Fíjate lo que te digo! ¡Siguió mis consejos, la muy mohína! Incluso en lo del agua bendita; un día encontré su despacho encharcado, pero no dio explicaciones y jamás volvió a hablar conmigo de aquello. El director dejó de acosarla y ¡la subió el sueldo! No te olvides que yo llevaba la contabilidad; ella y Antonia tenían los mejores sueldos de la Fundación; con diferencia respecto a las demás.

Janet.- Clásico. Consecuencia directa del sentimiento de culpa; de esa forma se hizo perdonar. En cuanto tú te fuiste tuvo que cambiar a toda prisa y casi cae en el punto de mira; el nuevo carece de rémoras religiosas porque es del tipo tiburón. De cualquier forma, por qué te martirizas, ése es el pasado nefasto. ¡Olvídalo de una vez! o al menos dale la vuelta y conviértelo en un pensamiento positivo. ¡Por qué te machacas así! Durante unos meses, hasta que me toco el turno y me despidieron también a mí, tomábamos el café juntas; de ella es la idea de montar una panadería. Ya te digo que debemos estarle agradecidas.

Isabel.- ¿Qué dices? Te equivocas completamente, esa idea es mía, se la di yo hablando un día sobre negocios locos, teniendo en cuenta de que cada día se come menos pan. Ya ves volvió a mí a través tuyo; a tu madre se le ocurrió lo de la pastelería y a Manuel lo de la heladería; así surgió lo de abrir una panadería-pastelería-heladería. Y aquí estamos: levantándonos todos los días con el cielo plagado de estrellas y las calles sin poner.

Janet.- No te quejes que el pan nos va a hacer ricas, querida.

Isabel.- Sí, seguro. Aunque así sea, ¿por qué tuvo que traicionarme? Yo estaba conforme con mi puesto de trabajo, sobre todo con el horario. Yo nunca le hubiera hecho daño, incluso ahora, por mucho que despotrique, no le deseo ningún mal únicamente me gustaría saber porqué.

Janet.- Por miedo, para despistar, porque es mejor dirigir a los sabuesos sobre el rastro de otra víctima. Recordarás que se comentaba que los empleados más antiguos ganábamos mucho dinero y ella debía estar en la lista.

Isabel.- A mí me encantaba llevar la contabilidad, era feliz con mis libros y en mi cubil, aunque fuera un despacho sin luz natural y estuviera al lado del almacén, menudo frió hacía en invierno. Jamás hice daño a nadie, al revés; saqué a la Fundación de unos cuantos apuros con Hacienda.

Janet.- Ella nunca te tuvo por rival; tú fuiste, al igual que yo, un instrumento de distracción para mantener el puesto: si tienen que echar a alguien que las echen a ellas. Eso de: Virgencita, virgencita que me quede como estoy. Algo así. Olvídate de aquello, ¡por favor! Les corroerá la envidia cuando sepan lo bien que nos va. Qué más puedes pedir que llevar la contabilidad de tú propio negocio viento en popa. Al año que viene abriremos las franquicias y ella seguirá fumando triste y sola. Eso es lo que significa el sueño.

Isabel.- Quiero hacerlo pero no sé cómo, el dolor de la traición no lo cura ni la venganza. Desaparecerá cuando se haya ido, supongo que llegará un momento en el que me reiré contándolo como una historieta más de mi vida. Lo que me sorprende es que a ti no te duela, tú también fuiste despedida y los tuviste que llevar a juicio porque se negaban a darte la indemnización que te correspondía.

( Dice Isabel antes de salir de escena. Mientras tanto Janet se despoja de la bata y queda vestida con una discreta falta recta de color salmón a juego con las zapatillas de cuña y una blusa blanca ).

Janet.- ¿Cómo que no me dolió? Me dolió, y mucho. (Sabe que Isabel ha salido de escena pero sigue hablando en alto explicando sus sentimientos). Ahora ya no, pero cuando corroboré de forma casual y a causa de un imperativo fisiológico que tu despido fue dirigido por tu querida amiga para posponer el suyo, y que el mío estaba a punto de llegar por el mismo motivo, me sentí profundamente herida sobre todo en mi dignidad profesional y laboral. Hay partes de aquella conversación que escuché entre María y la jefa de Administración que no te he contado y que callé porque temí que no quisieras entrar conmigo en el negocio si pensabas que podía hacerlo yo sola; pero esa María España, ya ves yo también sé su nombre completo, se arrima al sol que más calienta y espero ver cómo se achicharra.

(La pantalla del fondo refleja la sombra chinesca o proyectada del Director Nº 2, un hombre alto y delgado, elegantemente trajeado que se pasará todo el cuadro mirándose el reloj y fumando. María está de pie en medio del escenario haciendo morritos a un espejo de mano. Va vestida de forma muy colorista y estridente absolutamente inapropiada para su edad y el puesto que ocupa: minifalda estrecha y ajustada marcando cadera, camiseta de manga larga muy escotada, dejando al descubierto la mitad del pecho; zapatos negros cerrados con tacones de aguja; maquillada en exceso, melena larga muy voluminosa que remarca una cara flaca y angulosa.)

Janet.- ¡Hola!

(Janet entra en foco por la izquierda)

  María.- ¿Cómo estás?

Janet.- Bien. He escuchado el timbre del teléfono y como no he llegado a tiempo de cogerlo he pensado que a lo mejor habías llamado tú.

María.- Sí, he sido yo. Hay que traducir un informe que debo tener por aquí. (María se vuelve buscando el escrito sin mucho entusiasmo, ya que lo que realmente desea es conversación.)¿Qué tal el fin de semana? ¿Has ido al campo?

Janet.- No. En invierno vamos poco. Hace mucho frío.

María.- ¿Todavía tienes las viñas? Qué rico el vino que trajiste de tu propia cosecha. Qué maravilla, a pesar de todo lo que pasasteis con tu padre represaliado y alejado de su cátedra, conserváis la casa del pueblo y las propiedades familiares. Incluso fuiste al extranjero a estudiar idiomas, eres admirable.

(A Janet le disgusta el derrotero tan personal por el que discurre la conversación y replica seca pero cortés.)

Janet.- Yo vivo de mi trabajo. Lo que tiene mi madre no es mérito mío. Y lo del extranjero, yendo a trabajar no cuesta nada.

María.- Qué haríamos sin ti. Hay tanto que traducir. (María da una vuelta buscando de nuevo el informe ). Te lo llevaré a tu mesa cuando lo encuentre, son quince páginas en francés, no hay prisa pero, ya sabes, cuanto antes mejor. ¿Qué te parece este color de labios? ( María se muestra simpática y amigable con Janet. Es evidente que desea conversación.)¿Es muy chillón?

Janet.- Para mí sí, pero a ti te está fenomenal. En invierno prefiero los tonos más suaves y no me preguntes porqué.

María.- Pues fíjate que yo este conjunto que me acabo de comprar. (María se coloca en mitad del escenario y da un para de vueltas coqueta.) Seguro que te parece excesivo pero que conste que es lo que se lleva ahora.

Janet.- Está bien, tú puedes ponerte cualquier cosa. (Responde diplomática, Janet).

María.- Ya sé que dicen por ahí que me visto como una prostituta fina. ¡Ja! ¡Ja! ( La actitud jovial y desinhibida de María es forzada y desproporcionada.)

Janet.- ¿Sí? ¿Dicen eso? Pues a mí no me mires. (Contesta Janet desconcertada.)

(María da un par de vueltas más exhibiéndose.)

María.- Sé sincera, ¿a ti qué te parece?

Janet.- A mí la minifalda me gusta, yo la he llevado. Para las mujeres de mi generación la minifalda significó algo más que una moda, ya que tuvimos que luchar mucho con nuestros padres para que nos la dejaran poner. Tuvimos que luchar por la minifalda, por hacer una carrera universitaria que en general se reservada a los chicos, por estudiar idiomas en el extranjero, por salir con el novio por la noche, por ir de vacaciones con las amigas; tuvimos que luchar por casi todo. Tú eres bastante más joven que yo y te encontraste el camino hecho, pero para la generación anterior fue muy duro. Te parecerá una tontería pero con la minifalda, los pantalones campana, el pelo afro y los guateques, luchamos por nuestros derechos individuales y también por las libertades políticas; fue una forma de decirle a nuestros padres y a los poderes públicos que no estábamos de acuerdo con el orden establecido ni dentro ni fuera de casa. En España la minifalda fue la llave que abrió la puerta a la democracia.

María.- (María no presta demasiada atención a lo que dice. Se mira en el pequeño espejo, estira su falda, se endereza y camina unos pasos.) ¿Sí?

Janet. - Sí, de la democracia y de todo lo que ha venido después. En fin, creo que mi consejo no te servirá de mucho, yo jamás uniría rallas con flores y color naranja con rosa fucsia y ya ves lo que se lleva ahora.

María.- Entonces pensarás que voy muy exagerada.

Janet.- Realmente… Bueno, más que exagerada es que has dado un cambio tan grande que puede confundir, antes ibas con faldas largas y ahora es todo lo contrario; pero lo importante es que te guste a ti. Mostrar no es vender, aunque puede dar problemas si alguien se empeña en comprar a toda costa.

María.- El Señor ve en mi interior y sabe que con falda corta o larga nunca le ofenderé y en mi puesto no puedo ir como un adefesio. La ropa joven es mucho más barata y más bonita, yo me mete cualquier cosa. ¿Cuál es tú talla?

Janet.- Cuarenta y dos o cuarenta y cuatro, según el fabricante.

María.- Yo gasto una treinta y ocho. (Muy orgullosa. ) La verdad es que hacía tiempo que no disfrutaba tanto yendo de tiendas. (Adopta un tono confidencial. ) El director dijo claramente en su toma de posesión que apostaba por la gente joven y yo soy su secretaria personal así que tengo que adaptarme. Tampoco soy tan mayor. ¿Se ha notado mucho el cambio?

Janet.- Un poco, aunque este estilo te sienta mejor.

Maria.- ¿Verdad que sí? A propósito ¿sabes algo de Isabel? Nunca me llama.

(Antonia que hace rato ha salido por la derecha del escenario empujando un sofá con ruedas lo deja colocado mirando hacia el público y se acerca a ellas).

Antonia.- (Sin saludar se dirige a María.) He hablado con Tomás y me ha dicho que se retrasará. ¿Tú también te vas a quedar? (Pregunta a Janet evitando el saludo).

Janet.- ¿Yo? No. ¿Ha dicho que me quede?

Antonia.- No, no, por supuesto que no. Pensé que tenías trabajo pendiente, como ya se ha ido todo el mundo.

(Janet mira el reloj )

Janet.- Qué tarde es. ¡Adiós! ¡Hasta mañana!

María.- Da recuerdos a Isabel de mi parte. Dile que me llame.

Antonia.- ¿Qué quería ésa?

(Janet se aleja y entra en la zona de sombras camino del lateral izquierdo del escenario sin llegar a salir, titubea y realiza un gesto de dolor agarrándose el bajo vientre con las dos manos y deslizándose lentamente hasta el suelo en donde queda inmóvil en cuclillas. En esta posición escuchará la conversación de las dos mujeres).

María.- Nada importante, tiene que hacer una traducción. A lo mejor debería esperarle. Hoy me viene fatal. ¿Me quedo?

Antonia.- Tú veras lo que haces. Él ha dicho que se pasaría sobre las nueve y media y que le dejara lo que tuviera de firma.

María.- A las nueve y media, entonces no salgo hasta las once o las doce. ¿Te ha dicho algo de mí? Estoy cansadísima y la casa llena de gente.

Antonia.- Tú veras lo que haces, eres su secretaria y a lo mejor piensa que va encontrarte aquí. Llámale y sales de dudas. ¿Tienes asuntos que ver con él?

María.- ¿Asuntos? ¡Montones de asuntos! Casi no aparece por aquí; creo que me quedaré.

Antonia.- ¡Ah, y no te olvides de lo que comentamos!

María.- Qué comentamos.

Antonia.- Ya sabes, la reestructuración.

María.- Preferiría no hacerlo.

(Antonia que iniciaba la marcha se vuelve retadora).

Antonia.- ¡Por favor, María! a estas alturas no es cuestión de preferencias sino de supervivencia.

María.- Lo de Isabel estuvo muy mal, era mi mejor amiga. No debí hacerte caso. (Durante unos segundos cubre la cara con sus manos para bajarlas al instante, pero ya no es la misma persona porque ha tomado una decisión que mantendrá con determinación. ) La echo mucho en falta.

Antonia.- Era muy amiga tuya y digo era porque ha sido salir de la Fundación y nunca más se supo.

María.- Eso no es cierto, me manda noticias través de Janet y yo comprendo que quiera mantenerse un tiempo alejada. Me parece que esta vez tendrás que hacerlo tú.

Antonia.- ¡Imposible! Sería demasiado evidente. Es cosa tuya, tú estás cerca de ellos y te escuchan. Al menos por una vez sé inteligente y utiliza el poder que tienes.

María.- Me sabe mal contar la vida de una compañera al jefe. Es que no sé ni cómo sacar la conversación, incluso puede reprochármelo y decirme que no tiene tiempo para chismes.

Antonia.- Por ese lado no te preocupes en absoluto, en este país no hay quien rechace un cotilleo y los hombres menos; sobre todo a los jefes les encanta conocer la vida y milagros de los empleados; la información del tipo que sea siempre es poder sobre los demás. Te apuesto lo que quieras a que te anima para que le cuentes más intimidades del resto del personal. De mí no le cuestes absolutamente nada ¡eh! ni mencionarme. Tú lo haces como lo hiciste la otra vez, sobre la marcha.

María.- ¡Puff! Es que no creo que vuelva a ser capaz.

Antonia.- Ya me dirás entonces quién va a ir a la calle. Tú o yo, o las dos juntas; se quitarían un buen lastre de encima; te olvidas de que nuestros salarios juntos suman casi la mitad del total del presupuesto de personal. Nosotras no tenemos la culpa de que las empresas ahorren en fuerza de trabajo. Ahí si que no hay discriminación por el sexo, nos echan a la calle por igual a hombres y mujeres, y cada vez con menos indemnización. Bien lo sabes tú.

María.- Estoy segura de que con nosotras no se atreverán. A nosotras nos necesitan para que funcione la maquinaria, como decía Isabel.

Antonia.-Pues mira, con ella no les tembló el pulso. Hazme caso que el marido de Isabel es médico, tienen una buena casa, un buen coche y hasta perro de raza; y tú qué, un marido en el paro, dos hijos problemáticos, y la casa llena de parientes comiendo a la sopa boba. En cuanto a mí, peor, un marido en paradero desconocido y cuatro abuelos demenciados. Hazlo, por favor, el futuro pinta muy negro para nosotras, con nuestra edad y sin una titulación universitaria somos desechos laborales, no tendremos derecho ni a una jubilación digna; acabaremos nuestros días en la indigencia; con tanto despido anticipado y empleo basura ya verás la miseria que va a haber en este país en pocos años; desde luego yo no quiero encontrarme dentro de la bolsa de pobreza que predicen las estadísticas y que la sociedad acepta como inevitable sin hacer nada al respecto. (Adopta un tono mitinero.) Aquellos que podrían tomar medidas ahora no lo hacen porque piensan que a ellos no les afectará, pues ¿sabes lo que te digo? que a nosotras tampoco, porque vamos a hacer lo necesario para que no nos despidan. Hay que resistir hasta que estos se vayan y vengan otros y luego otros. Tenemos que aguantar como sea, María. Esta gente no tiene conciencia, cómo si no se puede entender lo que hacen; somos una Fundación sin ánimo de lucro, no hay que presentar beneficios sino realizaciones, sin embargo su único objetivo es reducir la masa salarial echando a la gente con antigüedad y salarios más altos para hacer miserables contratos temporales. La mayoría son funcionarios y tienen el sueldo seguro, no cobran de aquí pero esa es la única forma de liberar presupuesto para gastos de representación. Y para que la contemplación de carne joven les suba la libido. Créeme, son ellas o nosotras, por ellos no van a desistir hasta que conseguir su propósito. Está demostrado que las tetas tiran más que dos carretas, sobre todo si son de carne joven.

(La firmeza que hasta entonces ha manifestado María comienza a resquebrajarse ).

María.- Yo no soy vieja.

Antonia.- Ni joven. Estás en la peor edad.

María.- No sé, aunque puede que tengas algo de razón porque la familia de Jean es rica, tienen tierras y varias casas, además ella está muy preparada y no le será difícil encontrar otro empleo. Por otra parte, a mí me parece que los jefes deben conocer la vida de cada uno de nosotros para decidir en conciencia quién se va y quién se queda, todo no va a ser currículo. Qué manía con que gano mucho dinero, yo me gano lo que me pagan y tú lo mismo, son muchos años aquí metidas haciendo un magnífico trabajo. Qué puede importar lo que yo diga o deje de decir, ellos son los que toman las decisiones, son responsables de la política laboral de la Fundación. Además yo debo lealtad a mi jefe.

Antonia.- Claro mujer. Anda arréglate un poco antes de que llegue.

(La pantalla del fondo se funde en gris al tiempo que se apagan las luces del centro del escenario y al mismo tiempo abren focos para iluminar a Jean quien ha estado todo el tiempo de cuclillas arropada por la penumbra que cubría el resto del escenario, estira la falda mientras se dirige a la caja donde ha dejado la bata ).

Janet.- ¡Qué pena! ¡Qué asco! ¡Mancillas el nombre que llevas! Confundes lealtad con servilismo, humillación y traición; o quizás no; a lo mejor eres la consecuencia de la miseria moral propia de la busca del sustento en la sociedad actual tan injusta y degradada. Sea por lo que sea cada día estás más vieja y más fea, espero que pronto recibas tu buena dosis de perfidia.

(Desde bastidores se escucha a voz de Isabel ).

Isabel.- ¡¿Qué dices?!

Janet- Nada. Estoy murmurando. Me has pegado el malhumor, así que para animarme: ¡Hoy vamos a regalar piruletas! ¿Qué te parece?

Isabel.- Muy bien, pero no te acostumbres que cuestan dinero.

Janet.- Ya salió la tendera roñosa. Regalar es invertir, ¡socia!

Isabel.- ¡Venga, ya! Entra y no olvides traerlas contigo, las pondré en una bandeja.

Janet termina de que ponerse la bata coge la caja y desaparece.)

La sombra del director Nº 2 entra y sale caminando de la pantalla lentamente hasta que se detiene en lo que parece ser un cuarto de baño, se agacha ligeramente sobre un lavabo y se frota las manos, enjuaga y seca. En el lateral derecho María pasea arriba y abajo del escenario al mismo tiempo que él. Cuando él comienza a lavarse las manos ella se sienta en el sofá coge la cajetilla de cigarrillos que hay encima saca el mechero y enciende un cigarrillo, recoge las piernas encima del asiento y fuma con semblante serio y ausente mientras inclina levemente la cabeza para escuchar lo que le dice alguien fuera del campo de visión de los espectadores.

María.- (Se levanta del sillón y pasea arriba y abajo del escenario ) ¡Virgencita de mi vida! ( Interrumpe el paseo y da un zapatazo en el suelo. Se dirige al sofá de donde coge la cajetilla de cigarrillo y un mechero, toma uno y lo enciende. Levanta una botella de vino que hay en el sofá y la deja en el suelo, luego se sienta y recoge las piernas encima del asiento).

Sí……. ¿Fumo mucho? …….. Qué va, es el primero del día. ……. ¿Por qué fumo?.... ¡Umm! Yo antes fumo y después lloró. Eso es lo que pasa, después lloro. ( Dice entredientes y esconde la cara entre las palmas de las manos mientras el cigarrillo humea entre sus dedos, baja las piernas del sofá y mira hacía el suelo donde se encuentra la botella de vino, la recoge y la mira dubitativa). ¿Qué es lo que digo? Nada de interés, que Janet, la traductora, ha traído unas botellas de vino de su bodega. ¿Sabías que su familia tiene viñedos en Valladolid?

FIN.

Concha R. Canfrán, periodista. Reservado derecho propiedad intelectual. Contact0p: canfran@conajo.es ó conrodricanillas@yahoo.es Tfno - +034 616890855